Autoexigencia y gestión de tiempo

  1. Autoexigencia

Vivimos en una sociedad en la que constantemente se premia a las personas que hacen mucho en poco tiempo, y que además lo hacen bien. A priori, puede parecer que no hay problema en ello; sin embargo si paramos a pensar en la evolución y los cambios vitales, es posible que empecemos a caer del burro.

Parece evidente que nuestras ocupaciones, deberes y exigencias van incrementando a medida que envejecemos. Tenemos más responsabilidades a medida que cumplimos edad: la casa, los hijos, el trabajo, las relaciones sociales y familiares, el autocuidado personal… y sin embargo a medida que vamos asumiendo esas nuevas responsabilidades el tiempo sigue siendo el mismo: 24 horas. ¿cómo lo hacemos entonces? ¿cómo podemos mantener el mismo nivel de rendimiento si cada vez tenemos más tareas que atender?

La autoexigencia es el nivel subjetivo de esfuerzo y persistencia que ponemos en alcanzar nuestros objetivos. Esta voluntad para llegar a metas puede estar desajustada en tanto en cuanto nos excedemos e hiperexigimos ser una versión perfecta de nosotros mismos en cada uno de los ámbitos de nuestra vida: laboral, social, familiar, personal…

A menudo esta búsqueda excesiva de perfeccionismo, conlleva sufrimiento emocional, influye negativamente sobre la autoestima y a medio plazo nos abre la puerta a problemas de salud diversos. Es obvio que a todos nos gusta destacar en algún aspecto; pero debemos ser realistas y no perder de vista puntos clave:

  • el tiempo del que disponemos
  • cantidad de objetivos/tareas
  • respuestas corporales a distintos niveles de exigencia

Este último punto, es crucial. Nuestro cuerpo no responde siempre de la misma manera. Es evidente que la fatiga puede sentirse a nivel emocional, atencional, muscular… Y no podemos eludir que dicha fatiga se hará patente tarde o temprano. Gestionar bien el tiempo no es hacer mucho, ajustando hasta el último minuto; sino saber cuándo parar, cuándo delegar o qué priorizar (incluyendo el descanso).

Por este motivo se nos plantea un dilema: Ajustar nuestro nivel de exigencia a un funcionamiento saludable en el que quepan tanto los retos personales como el autocuidado; o mantener la consecución de objetivos al máximo nivel durante tiempo indefinido aun a riesgo de exponernos a patologías psicológicas y biomédicas. La decisión es individual, y lo que complica las cosas es que en ambos casos asumiremos riesgos: reducir el nivel de exigencia y no ser perfectos o, perjudicar nuestra salud física y mental. ¿Qué escoges?.

ROCIO JOVER MARTINEZ
PSICÓLOGA CV 11179
669 516 962 · psicologa@rociojover.com

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