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Estrés y comida

Empecemos por señalar que emociones y comida tienen un vínculo bidireccional:

Lo que comemos afecta a cómo nos sentimos, así como nuestro estado de ánimo influye en nuestra manera de comer

Cada vez son más los divulgadores y expertos que hablamos sobre esta vinculación en los medios y redes sociales; sin embargo, como casi todo lo relacionado con comportamiento humano; ocurre que con información no nos basta para llevar a término los cambios oportunos. ¿Por qué?

Nuestra forma de actuar se automatiza tanto como la manera en que pensamos, por ello es tan difícil abandonar comportamientos una vez se han convertido en hábitos. Nuestra mente no entiende de costumbres buenas o malas, sino de comportamientos arraigados. Así, la forma en que afrontamos nuestro estrés cotidiano suele ser casi siempre resultado de automatismos. Una conducta repetida muchas veces, se automatiza y es más difícil de eliminar.

En el caso que nos ocupa, la comida juega un papel fundamental. El estrés, entre otras cosas, es un gran consumidor de glucosa y magnesio. La carencia de ambos componentes en nuestro sistema, nos hace más vulnerables a atracones o simplemente al consumo de productos que puedan proporcionarnos de manera rápida el aporte de los mismos. Es evidente, que al final del día, el desgaste es más acusado y ello justifica que muchas personas pequen durante la cena consumiendo ultraprocesados o hidratos que quizá serían más apropiados en otro momento del día; ¿o sabes de alguien que se atraque con hojas de lechuga?

Si hablábamos de automatismos como resultado de comportamientos repetidos en el tiempo: ¿te imaginas cómo el estrés del día a día nos hace generar comportamientos automáticos casi sin saberlo? ¿te das cuenta de cómo la modificación de la alimentación un día tras otro puede automatizar un consumo inadecuado y una alteración del metabolismo basal? Y todo ello, como resultado de un estrés continuo que no logres gestionar.

En definitiva, el estrés: la gran patología del siglo XXI; además de la incomodidad de sus síntomas inmediatos; nos hace vulnerables a un consumo inadecuado de alimentos y al abuso de azúcares con las consecuencias que ello conlleve a medio y largo plazo. Es en este contexto, donde se enmarca la figura del psicólogo como apoyo en los planes de control de peso y adecuación a alimentación saludable.

Un plan de intervención completo debe incluir, al menos, los siguientes contenidos:

Para más información contacta conmigo a través de mail o teléfono.

ROCIO JOVER MARTINEZ
PSICÓLOGA CV 11179
669 516 962 · psicologa@rociojover.com

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